Hace tiempo que notaba como los ojos verdes de la última fila no la miraban igual que los demás.
Ella decidió dejar de morder manzanas y olvidó los paseos cogidos de la mano que no llevaban a ninguna parte.
Hacía tanto tiempo que no liberaba oxitocina, que tenía casi olvidado lo que significaba derretirse con cada sonrisa.
Sabía que los chicos malos y las historias que empiezan a las puertas de los exámenes siempre traen más de un comedero de cabeza. Pero se dio cuenta que esta historia llevaba tiempo empezada y que hay chicos malos que matarían por darte un beso de buenas noches en tu cama. Desde entonces, nunca tuvo más claro que los polos opuestos atraen y que las apariencias engañan.
El frío que llegaba en febrero le abrazó y le dijo al oído que notaba como el qué dirán cada vez le importaba menos.
Definitivamente los días pasaban rápido y él no sobraba en ninguna de sus noches.

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